Fundación Don Pedro

El Placer de ayudar

Más de 200 niños practican deportes y reciben apoyo escolar en un centro que financia la Fundación Don Pedro.

Imaginar un club con canchas de fútbol y básquetbol donde cientos de niños juegan, ríen y hacen deportes es algo natural. Pensar que ese mismo centro será ampliado con canchas al aire libre es perfectamente posible. Que los chicos aprenden computación en una sala que envidiaría cualquier institución, no tendría nada de particular. También el cine, con sus dosis de fantasía y diversión esta presente en este lugar. Hasta allí no hay nada que produzca asombro. Pero lo distinto es lo más maravilloso. Este centro deportivo está ubicado a poquitos pasos de un asentamiento en la cruz de carrasco. Los chicos no pagan cuota social, ni entradas, ni tickets ni nada por los servicios que reciben. Porque sus padres –cuando tienen el milagro de sumar los dos- forman parte de los uruguayos que, como medio de trabajo, utilizan carros y caballos.

El centro deportivo integra la Fundación Don Pedro. Los responsables son Rodolfo Deambrosi, su esposa Margarita Irigoyen y su hijo Leandro, acompañados por un grupo de maestros y profesores deportivos. El matrimonio había soñado con tener una fundación que asistiera a niños. Hace dos años cumplieron su sueño y se pusieron a trabajar en el barrio. Empezaron con catorce niños y hoy son más de 200.

Mejoras Personales

El uso de los servicios del club tiene una contrapartida que, como ya se dijo, no es reembolsable en dinero. Los chicos que concurren deben ir a la escuela, tener una asistencia ordenada, y mejorar las calificaciones escolares. “Nosotros buscamos que sean mejores personas. Porque si no ¿para qué hacemos todo esto?” –dijo Rodolfo Deambrosi, presidente de la Fundación que financia las actividades del centro deportivo.

La Fundación que preside Rodolfo se llama Don Pedro, por Pedro Irigoyen, padre de su esposa.

Todos los deportes

En el aspecto deportivo, Don Pedro ofrece fútbol, voley, tenis y básquetbol para los chicos y handball para las chicas. Los chicos han participado en eventos fuera de la fundación, con excelentes resultados de comportamiento y deportivos. Tienen juegos, como un tobogán gigante, cama elástica, ping pong, etc. Computación, apoyo escolar, ludoteca y expresión plástica, esta última brindada por Verónica, que a través del método Waldorf de enseñanza les ha abierto el mundo del color y la pintura. Todos los maestros son de excelente nivel, especialmente elegidos por la Fundación. “En el barrio hay varias ONG que trabajan en la alimentación y contentación de los niños. Nosotros pensamos que lo que estaba haciendo falta era educar a través del deporte. Los chicos tienen que aprender reglas de comportamiento, deben aceptar órdenes, aprender a ganar y perder, etc.”

Su esposa agregó que “en el centro surge claramente la necesidad de poner límites. Todos los niños los necesitan, pero los nuestros muchísimo más, porque pasan mucho tiempo en la calle. Tratamos de establecer límites muy claros, y siempre marcárselos con amor. De entrada, no les dejamos que digan malas palabras o coman chicles. Saben que tienen que respetar las órdenes nuestras y de sus maestros. Lo interesante es que ellos obedecen sin resistencias, porque están necesitados de que se los marque”.

Masculinidad

Deambrosi dijo que la Fundación quiere lograr que los niños aprendan a respetar la figura masculina, y por ello, todos los profesores de educación física son hombres. “Lo que falta en el barrio son referencias masculinas”, dijo.

Beatriz, una de las colaboradoras más valiosas de Don Pedro, explicó que “en esta sociedad matriarcal, las niñas asimilan la figura femenina, y se convierten en madres tempranamente”.

Las familias son numerosas y precoces. “Casi todos los niños que concurren están vinculados con otros por lazos familiares”.

Don Pedro funciona por la mañana y la tarde. Proporciona clases de unos 45 minutos. Además de los deportes ya mencionados, los chicos asisten a apoyo escolar, computación y expresión plástica. La Fundación cuenta con baños para niños y niñas, en los que pueden tomar una ducha caliente después de hacer deportes.

Una de las obligaciones de los chicos es mejorar sus relaciones sociales. Cuando ingresaron a la fundación se notó que el contacto que mantenían entre ellos consistía en agredirse. Ahora, en el segundo año de trabajo, ya se ve que conversan y se tratan con cariño.

“Esas son las cosas que nos llenan de orgullo. Comprobar cómo ellos van mejorando su comportamiento social. Cuando se los trata con cariño y dignidad, los niños aumentan la confianza en sí mismos, empiezan a quererse más y todo ello se ve reflejado en su conducta”, dijo Deambrosi.

La Fundación Don Pedro trabaja mucho con el saludo. Los chicos deben saludarse, darse un beso, acostumbrarse a mirar a los ojos cuando conversan, etc.

La devolución

Rodolfo y Margarita comentan que la relación que se establece con los niños es altamente gratificante. “Ellos devuelven con creces lo que reciben”. El matrimonio, que tomó la decisión de poner en marcha la Fundación luego de realizar en dos ocasiones el Camino a Santiago de Compostela, está convencido de que la apuesta a los niños fue acertada.

Rodolfo y Margarita comentan que lo que más les gratifica es que “lo que era antes una propiedad vacía hoy es una realidad llena de risas y de vida”.

Destacaron asimismo, que no hubieran podido encarar esta obra si no hubieran contado con el apoyo del maravilloso equipo que trabaja junto a ellos. “A los 60 años dejé mi empresa a mi hijo mayor. Mi mujer, mi hijo Leandro y yo nos dedicamos de lleno a la Fundación. Hoy estamos encantados. Y lo dijo a toda voz: no hay nada más lindo que ayudar. No todo el mundo puede poner dinero, pero también el tiempo es algo muy valioso de entregar. Las escuelas están colapsadas por la cantidad de chicos y todas necesitan ayuda. Arreglar un banco, regalar una computadora, son cosas de un inmenso valor para el futuro de estos chicos. Yo elegí entre comprar un campo para trabajarlo libremente o poner la Fundación. Y mi decisión fue Don Pedro. Hoy paso mis mejores horas con estos niños”.

La fundación se ofreció a servir como referencia a quienes desean colaborar con la comunidad o las escuelas.