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Villa del Chancho

Modelo para armar un sueño


Entre la basura y la necesidad se fue levantando un barrio. Ahora los planes de realojarlo están a un paso de concretarse, gracias a un proyecto que busca trabajar con los propios involucrados.

Daniel Erosa


De afuera se ve todo muy prolijo. Casi un jardín. Cada uno tiene una casita bien proporcionada y rodeada por césped. No les falta nunca su plato de comida. Igual ladran sin parar su disconformidad de estar atados a una cadena. Allí viven decenas de perros amparados por una protectora de animales.

Pegado a la perrera, como le dicen en el barrio, está Villa del Chancho, donde vive la gente sin amparo. Lo que se ve al menos es paradójico. Sobre un leve cerro de basura se levantan los ranchos de cartón, chapas y nailon. Desvencijados. Caóticos. Sin agua ni saneamiento. Alrededor, la vegetación es selvática. Hace calor. Un caballo flaco mastica una bolsa de plástico y una chancha embarrada voltea un tarro con agua. Sus lechones hozan entre latas y desperdicios. Hay patos y gallinas nerviosas que picotean la mugre. Huele mal. Donde antes había un vertedero municipal, creció este asentamiento con más de 20 familias dedicadas atareas de clasificación de residuos y la cría de algunos animales. Casi todos los gurises del barrio tienen plomo en la sangre y el 30 por ciento de las madres son adolescentes. Salvo contadas excepciones el horizonte diario es una montaña de desechos urbanos para revolver hasta sacarle un jornal de 130 pesos. Los más afectados por el plomo se tuvieron que ir. Pero aún quedan muchas familias que se exponen día a día a los perjuicios de la contaminación y la extrema pobreza. Pero no se quejan. Saben que cumplir el sueño de tener una casa lejos de la basura depende de ellos. Y pelean. Algunos más que otros.

NACE UN PROYECTO. Ahora tienen un proyecto que nació de una experiencia del mismo barrio, mediante el cual se transformó un asentamiento similar en un conjunto de casitas bien estructuradas y con los servicios esenciales resueltos. El trabajo se realizó con la participación directa de los vecinos y una ONG llamada Una Casa un Sueño. Se trata de una asociación civil dedicada a la regularización de asentamientos."La gente de Villa del Chancho se acercó a nosotros para repetir la experiencia de MOVIDI y empezamos a trabajar en el proyecto", cuenta Jimena Nin, asistente social de la organización. Estudiaron posibilidades para obtener fondos y en paralelo comenzaron a trabajar con el Centro Comunal Zonal de la Intendencia que se mostró interesado en el proyecto. Al principio la idea era usar el mismo terreno, pero por su altísima contaminación se descartó. A través del Ministerio de Salud Pública se analizó a los niños y varios resultaron con niveles de plombemia de hasta 39,5 microgramos por decilitro en sangre.

Técnicos de la ONG y una comisión de vecinos de Villa del Chancho redactaron un proyecto integral que abarca la construcción de las casas y el fortalecimiento de emprendimientos productivos como el lavado de nailon, clasificación de residuos en mejores condiciones de salubridad, cría de animales y huertas familiares. También se previó una zona para deportes, actividades recreativas y hasta la inclusión de una escuela y un policlínico.

Cuando lo terminaron se lo propusieron a la Fundación Interamericana (IAF)* para obtener financiamiento. Mientras tanto la IMM se comprometió a conseguir dos terrenos, uno rural para la cría de animales y la clasificación y otro urbano para realojar a la gente. La IAF seleccionó el proyecto, pero dejó supeditada la donación de fondos a la obtención del terreno y el visto bueno de las autoridades competentes. Pasó el tiempo y las tierras no aparecieron, pero se fue tejiendo una red de apoyo y el proyecto retomó vigor. "Decidimos juntar a toda la gente que estaba interesada en que saliera adelante lo de Villa del Chancho. Invitamos al educador social Hugo Bielli y un equipo multidisciplinario, al padre Pepe de la Pascua, las hermanas misioneras franciscanas del verbo encarnado, al Colegio Stella Maris, al Old Christians, un merendero y a Rodolfo Deambrosi, presidente de la Fundación Don Pedro", cuenta Jorge Meoni, misionero laico que vive y trabaja en la zona. En agosto de 2005 empezaron a juntarse y a buscar terrenos. Finalmente en noviembre aparecieron las tierras: "53 hectáreas que Deambrosi compró para llevar adelante el proyecto", aseguró Jorge. Según dice, "hay otras 23 hectáreas que se pueden conseguir, más algunas que tiene la comuna con abultadas deudas de contribución y que podrían ser utilizadas". Cuenta que Deambrosi incluso se postuló para solventar los gastos de saneamiento, conexión de energía, caminería e instalación de agua potable, si el gobierno no quería o no podía hacerse cargo de esa inversión. "El proyecto se desarrollaría sin que el gobierno ni la Intendencia tuvieran que poner prácticamente nada de dinero", asegura Diego Rodríguez, representante del Colegio Stella Maris y el Old Christians.

SALIR DE LA BASURA. Marcos tiene 20 años y una hija. No fue a la escuela. Vino cuando tenía 12 con su madre viuda. Pertenece a una de las familias fundadoras de Villa del Chancho y ahora es el tesorero de la comisión directiva. Está contento con el nuevo proyecto. Llega montando en pelo en un caballo oscuro que sujeta de la boca por una piola gastada. Está apurado. Ya son las nueve y media y se le hace tarde. Se levantó a las siete y estuvo separando material. No se detiene para conversar, habla mientras prende el carrocon arreos remendados con goma.

-Ahora ya me voy a la cantera. Si no llego en el horario no me dejan entrar. Desde que está organizado por la UCRUS** es como cualquier trabajo- dice.
-¿Te rinde?
-En verano, hasta Turismo, te bajan la mercadería. La zafra nuestra es más bien en invierno. Ahora el cartón está a peso y en invierno vale 1,50.
-¿Y el nuevo proyecto?
-A nosotros nos sirve. Siempre y cuando podamos tener los bichos. Tenemos caballos, chanchos, gallos, si no tengo esto no vivo, ni trabajo. ¿Entiende? A nosotros nos sirve tener los caballos y el carrito para salir. Es nuestra herramienta de trabajo.

Claudia, la madre de Marco, tiene el pelo corto y teñido de rubio y una edad difícil de calcular. Tiene las manos ajadas de trabajar con la basura, la uñas pintadas de rojo y una camiseta con Bob Marley fumando un porro.
-¿Quiere irse del barrio?
-Acá estamos viviendo arriba de la basura, irnos a un lugar limpio a vivir en una casita nuestra, es muy bueno. Yo soy asmática y tengo a la bebé, que es prematura explica refiriéndose a su nieta.

Marcos se sube al carro y se despide. Pero antes de irse quiere agregar algo:
-Recién empezamos a juntarnos y no es muy fácil ponernos de acuerdo, pero de a poco nos vamos entendiendo. Yo lo que estoy es muy agradecido a Deambrosi que nos compró el terreno y que nos da una oportunidad de salir de la basura.

Se refiere a Rodolfo Deambrosi, presidente de la Fundación Don Pedro, una institución que trabaja en la zona y que tiene por objetivo apoyar y fomentar el desarrollo social del barrio. En la calle Oncativo, a pocas cuadras de Villa del Chancho, puede verse un gran edificio pintado de colores donde funciona el centro deportivo y recreativo con canchas para practicar varias disciplinas, aulas de clases, sala de computación, baños y duchas. Allí trabajan maestros y profesores de educación física, informática, expresión plástica y música. La fundación, según dijeron a BRECHA trabajadores sociales del barrio, además colabora activamente con las escuelas de la zona contratando profesores de informática y educación física, y mejorando los locales de estudio.

"Habíamos soñado con tener una fundación que apoyase a niñas y niñosÂ", dijo a un periódico barrial Deambrosi, y agregó: "Hace dos años que cumplimos nuestro sueño y nos pusimos a trabajar en el barrio. Hoy estamos encantados. Y lo digo a toda voz: no hay nada más lindo que ayudar. No todo el mundo puede poner dinero, pero también el tiempo es algo muy valioso de entregar. Yo elegí entre comprar un campo para trabajarlo libremente o poner la fundación. Y nuestra decisión fue Don Pedro. Lo que antes era una propiedad vacía, hoy es una realidad llena de risas y vida. Hoy paso mis mejores horas con estos niños".

PROCESOS Y URGENCIAS. A medida que se fueron sorteando dificultades también se agregaron objetivos. Lo que empezó sólo como una alternativa de viviendas para 23 familias de Villa del Chancho, se extendió a otro asentamiento llamado Covisocial. Una realidad similar, con mejor desarrollo desde el punto de vista organizativo y de la participación de la gente. Incluso ya plantearon comenzar a construir ladrillos para el nuevo proyecto. Hay otro grupo que también está interesado en sumarse al emprendimiento. Son hijos de familias de Covicruz, otra cooperativa de la zona, padres y madres con un promedio de edad bajísimo, que viven con sus padres. Quieren tomar una opción de trabajo rural, vivir como colectivo y tener una casa que los ayude a independizarse de las familias. Las tres partes comenzaron a coordinar entre sí mediante sus respectivas comisiones directivas. Incluso, en breve van a reunirse sus asambleas plenarias, un núcleo que ronda las 50 familias.

La participación directa de la gente en el proyecto ha sido una propuesta metodológica de los técnicos. Todas las decisiones se toman en asambleas que sesionan cada 15 días. Según dijo Jimena Nina, "es un proceso costoso. Porque generalmente se tiende a poner todo en el otro. Apenas llegamos después de un receso que se hizo en enero, una mujer nos preguntó: "¿y las viviendas para cuándo?". La idea es que "ellos mismos generen redes y lazos con otros asentamientos, que se junten con grupos que están en las mismas circunstancias", señala Jimena. En ese sentido es que se incluye en el proyecto un programa de intercambio solidario, que prevé la devolución del costo de los materiales utilizados en las obras mediante horas de trabajo comunitario, participando en forma solidaria en otros asentamientos. Estas horas se desarrollarán enseñando a otras comunidades, propagando "una nueva forma de vida, promoviendo la solidaridad y logrando un cambio real de estos sectores", dice.

El proyecto educativo social de Villa del Chancho, según Hugo Bielli, "parte de muy abajo, de gente que nunca estuvo organizada. Recién cuando arrancó comenzaron a conocerse. Algunos todavía no saben cómo se llama el vecino. Estamos haciendo dinámicas para fomentar la integración y la auto -gestión". De los 350 mil dólares que costaría la financiación del proyecto ya estaría resuelto un 60 por ciento, aseguraron representantes de Una Casa un Sueño. El comienzo de las obras depende básicamente de las aprobaciones de la IMM. "Ahora sólo necesitamos un visto bueno y un libre de contaminación. Nada más. Estamos trancados un poco por la parte burocrática", dice Jimena, quien también aclara que el clima de trabajo con la comuna es bueno.

Para Bielli "los tiempos de la gente que vive en esas condiciones no coinciden con los de la burocracia. Ninguno de los técnicos o jerarcas de la IMM vive en condiciones ni parecidas. Están muy lejos de la basura y el plomo. No hay mala intención ni nada, es una cuestión de diversidad en las urgencias". BRECHA consultó sobre el tema a Cristiana Pastro, directora de Planificación Territorial de la IMM, quien aseguró que "hay que superar la angustia que genera este tipo de situaciones, pero no se trata de una prevención burocrática". Según la jerarca, el tiempo no siempre se pierde: "La gente también necesita del tiempo para generar compromisos personales. Es como parte de la preparación que necesitan para la gestación del proceso". Además, según dijo, la comuna debe establecer con cabalidad si los predios comprados son viables desde el punto de vista del riesgo sanitario, ya que "no sirve trasladarlos a otro lugar con riesgo".

Otro de los escollos que se debe resolver es que el predio elegido es rural agrícola, lo cual implicaría algunas restricciones para la instalación de varias viviendas. "Sin embargo, nuestros técnicos están proponiendo que ese sector pase a suelos de usos mixtos, lo cual flexibiliza los criterios para este proyecto productivo". Además, según la directora municipal, también debe profundizarse la tarea en la convivencia de los grupos que integran el proyecto y con los vecinos que van a recibir el realojo.

Según Pastro, se está trabajando en ese sentido con los centros comunales zonales, con sus equipos técnicos y con la participación de los propios vecinos. "Venimos avanzando bien, de pronto puede parecer despacio, pero seguros y tratando de mejorar la propuesta. No es bueno para ningún proyecto comenzar con objeciones o cuestionamientos."

VOCES CON ESPERANZA. En la puerta del rancho de Alejandro hay un farolito. Adentro todo está muy prolijo. Vive solo. Tiene 29 años y es electricista. Un día se quedó sin trabajo y sin salida. Tuvo que instalarse en Villa del Chancho, y aunque dice con cierto orgullo que él nunca trabajó con la basura, ahora está medio parado, haciendo algunas changas para alcanzar un pobre jornal. Tiene una hija que vive con su madre en Piedras Blancas. Su compañera los abandonó.

"Yo nunca trabajé en la cantera. Antes lavaba nailon, pero ahora no, lo dejé. No me gusta. Nunca fui clasificador. No estoy acostumbrado a trabajar con la basura. No es por maldad ni nada. Yo nunca estuve acostumbrado a esta vida así", dice. Lo que lo obsesiona es conseguir un trabajo estable "para poder vivir con mi hija. Un trabajo como la gente, pero cuesta conseguir laburo si vivís acá". Alejandro también integra la comisión directiva, pero habla siempre en tercera persona, como si no fuera parte del barrio: "Ellos están ansiosos por irse. La situación que se vive acá no es saludable para nadie". También reconoce que "hay gente que se queda media quieta, que no cree. Hay desconfianza. Tratamos de darle ánimo, de que vean que no es mentira, esta oportunidad no la vamos a volver a tener. Tenemos la plata, tenemos el terreno, nos faltan unos cuantos papeles que hacer, pero igual desconfían. Está bravo sostener la esperanza en la gente".

Jimena trabaja de moza en el Mercado Modelo. Si bien hace algunos años que está en el barrio, y está bien integrada, se nota que creció en el barrio de la Unión. Fue hasta segundo de liceo. Hizo cursos de inglés y computación y vivió un tiempo en Estados Unidos. Tiene 22 años y tres hijos, la mayor de 7. Así cuenta su historia: "Puedo escribir un libro con las que pasé. Caí acá por un tipo que conocí. Ya tenía una nena y quedé embarazada. Compramos el terreno a 1.500 pesos. Salíamos a cantar en los ómnibus y empezamos a edificar. De a poco hicimos esta casita precaria que ahora se llueve y en invierno es horrible. Mi madre nunca quiso que me viniera a vivir acá, pero no quiero que nadie se haga cargo de mis errores. Soy la oveja negra, mis hermanas están bien, una tiene un almacén y la otra un buen trabajo".

Jimena saca un jornal de 300 pesos y todos los días se trae un bolso lleno de fruta y verdura. Si bien no está encantada con la historia que vive, está confiada en sus fuerzas. "En el barrio me llevo bien con todo el mundo. Mi vida es rara. A mí nunca me faltó nada. Pero a mis amistades siempre las elegí humildes y me acostumbré a la pobreza, no me costó adaptarme. Un poco sí. Los primeros días, en pleno invierno aguanté por orgullo y porque al padre de los nenes lo quería. Pero con el tiempo te vas dando cuenta de que es todo una mierda y no te queda más que pelearla, porque son tus errores.

Si bien el nuevo proyecto le da esperanzas, también confiesa que para cambiar hay que hacer un gran trabajo en la mentalidad de la gente: Ac´ en el barrio están acostumbrados a vivir así. Hay gente muy ignorante. Ves los niños cómo andan.Š Pero ellos no tienen la culpa, es la vida que siempre vivieron, la crianza, están hechos asá­. Igual creo que es posible. Hay muchos que están firmes, pero otros están esperando que los demás hagan todo. Pienso que debería haber un poco más de compromiso. No sé. Tampoco les podé exigir demasiado. Es bueno que salgamos de acá. Me encanta la idea de tener mi casa. Es algo que logré yo. Eso ya está bueno.

* Organismo independiente del gobierno de Estados Unidos, creado en 1969 para colaborar con planes de desarrollo en el Tercer Mundo, que trabaja con fondos del propio gobierno estadounidense y del BID. Es gobernado por un consejo directivo de nueve miembros designados directamente por el presidente.

** Unión de Clasificadores de Residuos Urbanos.